Cómo la IA y la energía forjan mutuamente su futuro

El último informe de la Agencia Internacional de la Energía revela la relación de doble filo entre el crecimiento explosivo de la IA y la capacidad del sector energético para alimentarla.

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La inteligencia artificial ya no es un concepto futurista: es el motor de una economía en rápida transformación, con aplicaciones que abarcan la movilidad autónoma, los edificios inteligentes, la investigación científica y la automatización industrial. Pero bajo esta ola de innovación subyace una dependencia crucial: la energía. Según el último informe especial de la Agencia Internacional de la Energía, el crecimiento y el potencial de la IA dependen de una cosa: electricidad asequible y fiable. A su vez, la IA está empezando a remodelar la forma en que se produce, distribuye y consume la energía. Esta relación en evolución marca un momento crucial, ya que los sectores de la tecnología y la energía están profundamente entrelazados, y las naciones que puedan mantener las luces encendidas para la IA estarán mejor posicionadas para liderar en los próximos años.

Una nueva clase de demanda energética

La irrupción de la IA como una tecnología de propósito general, a la par de la electricidad misma, está transformando el panorama de las inversiones en infraestructura. Desde 2022, la capitalización bursátil de las empresas relacionadas con la IA en el índice S&P 500 aumentó en $12 billones, lo que ha desencadenado un auge en la construcción de centros de datos. Estas instalaciones, fundamentales para entrenar y desplegar modelos de IA, son gigantes con un apetito energético descomunal: un solo centro de datos enfocado en IA puede consumir tanta electricidad como 100.000 hogares. Los proyectos más ambiciosos actualmente en desarrollo podrían llegar a consumir hasta veinte veces esa cantidad.

Para 2024, la inversión global en centros de datos alcanzó los $500.000 millones. Aunque hoy en día estos centros representan solo el 1,5 % de la demanda eléctrica mundial, su trayectoria de crecimiento es pronunciada. La AIE proyecta que para 2030 el consumo se más que duplicará, llegando a 945 TWh, superando el consumo eléctrico actual de Japón. La IA es la principal fuerza detrás de este aumento, y Estados Unidos representa casi la mitad del incremento. De hecho, se espera que, hacia finales de esta década, los centros de datos en EE. UU. consuman más electricidad que toda la producción nacional combinada de aluminio, acero y cemento.

Sistemas eléctricos bajo presión

Esta demanda acelerada representa un desafío serio para las redes eléctricas, muchas de las cuales ya están bajo tensión. Los retrasos en las conexiones a la red, la escasez de transformadores y los largos plazos de entrega para componentes de plantas eléctricas amenazan con descarrilar los cronogramas de los centros de datos. La AIE advierte que, sin una mejor planificación y coordinación, el 20 % de los proyectos de centros de datos previstos podrían enfrentar demoras.

Existen soluciones, pero requieren un cambio en la forma en que se gestiona la infraestructura energética y digital. Una ubicación más estratégica de los centros de datos en regiones con abundante energía no congestionada, un uso más flexible de los servidores de respaldo y generadores auxiliares, así como una colaboración más estrecha entre reguladores y operadores de red, podrían aliviar estos cuellos de botella. Hoy en día, más de la mitad de los centros de datos en desarrollo en EE. UU. se concentran en unos pocos grandes núcleos, lo que aumenta el riesgo de congestión local en la red.

La composición de las fuentes de energía también evolucionará. Se prevé que las energías renovables cubran cerca de la mitad del aumento proyectado en la demanda de los centros de datos hasta 2035. El gas natural y la energía nuclear también jugarán un papel importante, especialmente en países como EE. UU., China y Japón. El sector tecnológico incluso está acelerando el interés en los pequeños reactores modulares y en la energía geotérmica para asegurar su suministro energético a futuro.

Inteligencia que genera beneficios

Si bien la IA consume enormes cantidades de energía, también es una herramienta poderosa para transformar el propio sector energético. Desde permitir el mantenimiento predictivo en campos petrolíferos hasta ayudar a equilibrar redes eléctricas descentralizadas, la IA ya está mejorando la eficiencia, la confiabilidad y el control de emisiones. Aplicadas a gran escala, las tecnologías de IA existentes podrían generar ahorros energéticos equivalentes al consumo total de México.

Los beneficios se extienden a la movilidad, la industria, los edificios y la innovación. La gestión del tráfico basada en IA y el mantenimiento predictivo en el transporte podrían reducir el consumo energético de forma equivalente a 120 millones de automóviles. En los edificios, los sistemas inteligentes podrían ahorrar hasta 300 TWh de electricidad al año (igual al total de la producción de Australia y Nueva Zelanda). En la industria manufacturera, las empresas europeas, líderes en automatización industrial, podrían liderar un salto impulsado por la IA en productividad y eficiencia energética.

Quizás lo más significativo es que la IA está acelerando los ciclos de innovación en tecnologías energéticas. Así como ha reducido drásticamente el tiempo necesario para el mapeo de proteínas en biomedicina, la IA podría contribuir al descubrimiento y comercialización de materiales solares de nueva generación, nuevas químicas para baterías y técnicas de captura de carbono. Sin embargo, hasta ahora solo el 2 % del capital de riesgo recaudado por startups energéticas se ha destinado a iniciativas vinculadas a la IA, una brecha que evidencia oportunidades perdidas.

La AIE lo deja claro: el mundo está en una encrucijada. La IA y la energía ahora recorren un camino compartido. Suministrar energía a los sistemas de IA y aprovechar la IA para transformar la manera en que producimos y usamos la energía exige una estrategia integrada y con visión de futuro. A medida que aumentan los desafíos, el diálogo entre los sectores tecnológico y energético será más crucial que nunca.