¿Repostar y luego qué? Cómo las fugas en las estaciones reabren un viejo debate
Los casos de combustible no pagado han alcanzado niveles récord, poniendo bajo presión modelos transaccionales basados en el tiempo de permanencia y el retail de conveniencia. Analizamos qué está realmente en juego al mantener el modelo de pago posterior al repostaje y cómo la tecnología puede ayudar a reducir las pérdidas sin eliminar esa experiencia.
Ocurre en cuestión de segundos y, casi siempre, sin que nadie lo note. Un vehículo llega, reposta combustible y se marcha. Los únicos testigos suelen ser las cámaras de seguridad y, ocasionalmente, algún conductor cercano que apenas registra lo sucedido. El minorista puede descubrirlo segundos después o incluso más tarde, cuando las ventas de combustible del día no coinciden con el volumen extraído de los tanques. Una diferencia en una hoja de cálculo que representa un robo prácticamente imposible de evitar.
Y esa diferencia sigue creciendo. En el Reino Unido, un análisis reciente estimó que los conductores sustrajeron alrededor de 194.000 libras esterlinas en combustible por día durante los meses posteriores al inicio del conflicto entre Irán e Israel, con un aumento del 20% en los incidentes y del 48% en el valor de las pérdidas frente al período anterior. La tendencia no se limita al mercado británico. La Australasian Convenience and Petroleum Marketers Association reportó un incremento de hasta el 30% en los robos de combustible desde el inicio del mismo conflicto, con un costo estimado para la industria de 80 millones de dólares australianos al año.
Sin embargo, el incremento de estos delitos en períodos de altos precios del combustible no es una novedad. Lo que sí está cambiando es la disposición de los retailers a implementar sistemas de prepago. En 2024, el aumento de los robos llevó a Petro-Canada a establecer el pago anticipado obligatorio en la mayoría de sus estaciones de Ontario. Y ahí es donde aparece el verdadero dilema, ya que gran parte de la industria del mobility retail depende de los modelos de pago posterior para incentivar una mayor permanencia de los clientes y fomentar las ventas en las tiendas de conveniencia.
Pagar antes o después
A medida que las estaciones de servicio evolucionan hacia centros de movilidad con múltiples energías y servicios, el modelo de pago posterior continúa siendo una pieza fundamental. Según datos de NACS, las transacciones de combustible representan el 28% de todas las operaciones en una tienda de conveniencia promedio, lo que demuestra que el surtidor no suele ser el final de la visita del cliente.
El pago posterior favorece precisamente ese recorrido. Obliga al consumidor a ingresar al establecimiento, creando oportunidades para compras adicionales. Por eso, el avance de los sistemas de prepago merece una atención especial.
Parece un pequeño cambio operativo, pagar antes de repostar en lugar de después, pero introduce una transacción y un punto de decisión antes del momento en que el cliente entraría, quizás, en la tienda. La cuestión que esto plantea no es si el prepago es eficaz contra el robo, sino cómo minimizar el riesgo sin alterar el flujo que constituye la columna vertebral del tiempo de permanencia y el comercio minorista de conveniencia.
“El prepago o el pago posterior suelen plantearse como una decisión operativa, pero, en realidad, se trata de una decisión estratégica”, afirma Aart van Rooijen, director ejecutivo de BigBrother, un proveedor internacional de tecnología de seguridad. “En el momento en que un cliente ya no necesita entrar en la tienda, ya no estás gestionando un establecimiento minorista. Estás gestionando una estación de servicio al por mayor. Esa es la conversación que debería estar manteniendo el sector, y no solo cómo evitar las fugas sin pagar”.
Tecnología frente a pérdidas
El prepago puede resolver buena parte del problema, pero no es la única alternativa. Sistemas de videovigilancia, reconocimiento de matrículas y alertas en tiempo real también permiten reducir el riesgo sin alterar el recorrido habitual del cliente.
La diferencia radica principalmente en la inversión requerida. El prepago puede implementarse relativamente rápido y generar resultados visibles en los reportes de pérdidas en cuestión de semanas. En cambio, herramientas como el reconocimiento de matrículas o los sistemas avanzados de seguridad requieren hardware, integración tecnológica e inversiones iniciales más significativas.
“Las fugas sin pagar no tienen por qué suponer una amenaza estructural. Con la tecnología adecuada, son un problema operativo que se puede gestionar”, añade van Rooijen. “Lo más complicado es encontrar el equilibrio entre el control y la experiencia que se quiere ofrecer a los clientes”.
Sin solución definitiva
No existe una solución universal. Algunos operadores pueden optar por modificar el flujo de pago porque es la alternativa más accesible a corto plazo. Otros pueden considerar que el costo potencial sobre las ventas en tienda supera los beneficios.
Los datos sugieren que el combustible sigue siendo un poderoso motor para las compras de conveniencia. Si una proporción significativa de los clientes entra en la tienda gracias al modelo de pago posterior, cualquier estrategia para combatir los robos deberá evaluar tanto las pérdidas evitadas como el posible impacto sobre las ventas complementarias.
Lo que parece claro es que la decisión ya no puede abordarse únicamente como una medida de seguridad. Los datos de transacciones de la plataforma de pagos Upside muestran que las compras en tiendas físicas disminuyeron semana tras semana a partir de mediados de marzo de 2026, a medida que subían los precios del combustible, antes de repuntar cuando el alto el fuego entre EE. UU. e Irán en junio hizo bajar los precios en las gasolineras en aproximadamente 50 céntimos por galón.
No existe un enfoque único válido para todos. Lo que los datos sí dejan claro es que esta decisión merece el mismo análisis minucioso que los operadores dedican a cualquier otra inversión de capital, y no una respuesta instintiva. Puede que el robo en las gasolineras haya sido inevitable, pero para el sector, el debate ya no lo es.